Estructura espacial de lo fóbico

En este trabajo se explora fenomenológicamente la "estructura del espacio" de la relación fóbica. Se postula que hay una específica estructura espacial constituyente de lo fóbico. El objeto fóbico no está "dentro" de un espacio real, sino que el mismo tiene carácter de "ámbito" (de amenaza), dentro del cual se encuentra el sujeto fóbico, en una actitud adinámica, que lo convierte en "objeto" de la acción del objeto.

            El sujeto no constituye un "aquí", que lo distancie del "allí" del objeto. En la relación fóbica no hay distancia. El sujeto ha perdido la propiedad de la tercera dimensión, de la "profundidad".

            El objeto invade al sujeto con su presencia de "estímulo fisiognómico" con "sentido" de amenaza. El objeto es una significación en el ámbito mental interno del sujeto, quien al no apropiarse del espacio real se aliena en un espacio imaginario.

            Este espacio fóbico imaginario es de carácter primario: infantil-primitivo.

Publicado en VERTEX  Rev.Arg.Psiq., Bs.As., 1996, VII 23, ps.5-13

INTRODUCCION

            Los síntomas fóbicos  tienen una gran importancia dentro de la psicopatología.

            Por lo pronto, algún tipo de estructura fóbica está presente en todo cuadro psicopatológico no psicótico (neurosis, reacciones vivenciales anormales, perversiones, etc.) en forma de fobia desarrollada o al menos como "actitud fóbica". Menciono rápidamente la fobia al esfuerzo en los cuadros psicasténicos. La fobia a hacerse cargo de la propia existencia en la Neurosis Depresiva. La fobia a "dejar inscritos signos gráficos personales" en el Grafoespasmo o Calambre del Escribiente. La fobia a la "pérdida de la posición y rango" en los cuadros paranoides.

La fobia a "lo informe" de la Neurosis Obsesiva, en la cual subyace siempre un horror  fóbico "al compromiso moral" con el mundo y con la propia existencia.

            La fobia a "encontrarse personalmente en el espacio de los otros" en las "Anorexias Nervosas", junto con la fobia a la propia gordura (a "tener volumen") que se da en este cuadro; o, lo que es lo mismo, la manía adictiva a la delgadez ("Magersucht" en alemán), ya que toda fobia puede ser vista -por su otra cara- como una adicción a su opuesto y viceversa.

            Así, la Neurosis Histérica puede ser vista como una necesidad (adictiva) a llamar la atención o como una fobia a la "desestima" por los otros; la fobia a la des-aparición "en" el campo de atención del otro. Así el "voayeurismo" o "escoptofilia" es una adicción morbosa a "ver sexo"  como puro espectador, que implica una fobia a "el encuentro personal interactivo en el campo de la erótica", etc.

            De las innumerables fobias, sólo menciono aquí las omnipresentes, aunque soterradas, fobias a "no ser", "no ser yo" y a "la libertad" en todo cuadro neurótico.

            Lo dicho líneas atrás sobre la ambivalencia sintomatológica "fobia-adicción", me permite sostener (sin entrar aquí a fondo ni en detalles, ya que no es el tema de este artículo) que toda la psicopatología no psicótica se funda en dos estructuras dinámicas básicas: Las fobias y las filias. Entiendo estas últimas como "adicciones o vicios",(*) esto es, como "deseo irresistible" o "atracción forzosa".

            Para el objeto de nuestro trabajo, podemos presentar   -esquemáticamente en esta introducción- la estructura  dinámica contrapuesta de estas dos actitudes fundamentales de todo el campo de patología de la personalidad.

  1. Fobia: Vivencia de estar al alcance de algo que me amenaza con mi destrucción total y que me fuerza necesariamente a ponerme fuera de su ámbito, para seguir existiendo, lo que determina la conducta de evitación.
  2. Filia (adicción morbosa-"Sucht"): necesidad de alcanzar algo, que vivencio como imprescindible, para "existir", para seguir siendo o para llegar a ser “yo mismo”. Es la necesidad imprescindible (esta expresión es redundante) de estar en posesión de lo que siento me constituye, lo que determina la conducta adictiva.

            Como puede verse, en ambos casos -fobia/filia- se produce una "pérdida de libertad (forzosidad) dentro del ámbito personal", que es lo que constituye la "enfermedad personal".

            Estas dos dinámicas básicas de la psicopatología de la personalidad implican una dinámica de necesidad (absoluta) en el ámbito de la libertad personal (lo relativo), con la consiguiente despersonalización-desrealización, por "absolutización neurótica de lo relativo". (Ver Pelegrina,1974.)

            Pero lo que quiero destacar aquí,  es lo que encierra ese término de "alcance", que aparece nuclearmente en ambas dinámicas.

            En las filias, lo he presentado como verbo: "alcanzar", porque así se presenta fenoménicamente en las vivencias compulsivas, aunque el desvelamiento fenomenológico de esta dinámica (que aquí no haré) mostraría que el paciente lo que necesita no es alcanzar (el objeto de su deseo) sino "poseer el alcance" (o el poder) para poseer lo que siente que necesita.(esta necesidad de "sentir poder sobre el objeto" del deseo, es lo que subyace en toda dinámica "morbosa"; esto es obvio, por ej., en las "perversiones").

            En el caso de las fobias, la dinámica del "alcance" se presenta ya fenoménicamente como una estructura "estática" que encarna no en un verbo, sino en un sustantivo: "el alcance".  El fóbico se encuentra "dentro del alcance" del objeto fóbico que lo amenaza y necesita "permanecer fuera de dicho alcance".

            El verbo "alcanzar" denota tanto una dimensión espacial (llegar hasta un objetivo o una meta, separada  por la distancia que hay que salvar) cuanto una dimensión temporal (ir yendo,-tras lo que se aleja: etimológicamente alcanzar es "ir caminando tras los talones", de lo alcanzable). Este verbo sustantivado: "el alcance", denota un espacio ya constituido, un espacio ya recorrido. Y denota un tiempo espacializado, ya cumplido (en el sentido de Bergson y Minkowski).

Denota un espacio atemporal y no una duración en el espacio de una acción trans-currente. Es "el alcance" de un arma o "el alcance" de una ley. Algo que no evoca el "ir alcanzando" de una acción real, sino la dimensión teórica de un espacio simbólico, irreal: el territorio legal, o el ámbito posible del alcance.

            Esta simple presentación nos sirve de hipótesis para nuestro trabajo de dilucidación de la estructura espacial implicada en lo fóbico. Estructura que no sólo está siempre presente en estos fenómenos, sino que constituye la condición de posibilidad de la aparición de las fobias.

II.- La estructura sintomatológica

            Partiré de lo dado descriptivamente en la sintomática clínica de los fenómenos fóbicos, apuntando un par de salvedades metodológicas: Primero, hablo aquí de "lo" fóbico (y no de las fobias), pues lo que percibe y tiene que analizar el sujeto epistemológico del semiólogo-psicopatólogo es un "comportamiento" (fóbico) entre un sujeto fóbico y sus objetos fóbicos. Por lo tanto, el análisis "completo" de lo fóbico tiene que realizarse sobre la estructura fóbica del sujeto, sobre la estructura fóbica del objeto y sobre la estructura de la propia relación fóbica sujeto-objeto.

            Segundo, apunto aquí, como tesis de este trabajo de desvelamiento fenomenológico, que una específica estructura espacio-temporal de la relación sujeto-objeto subyace a todo lo fóbico. Estructura sin la cual no podrían darse ni el objeto fóbico, ni el sujeto fóbico, en tanto que fóbicos.

            Esto se funda en una segunda salvedad metodológica: Se trata aquí de una aproximación "fenomenológica" al comportamiento, en el sentido de un análisis de las intencionalidades tanto "propositivas" cuanto "posicionales" de la relación sujeto-objeto en sus mutuas relaciones reales (respectividades fácticas) y no de una fenomenología "de la conciencia" y sus "re-presentaciones". (Ver Pelegrina 1.975).

            Formulemos una definición ecléctica de fobia: "temor angustioso irracional e incoercible frente a un objeto o situación, cuya realidad no justifica dicha vivencia y que determina la necesidad de efectuar conductas evitativas".

            Hagámonos ahora algunas preguntas a partir de los elementos de esta descripción más o menos clásica. Desde el punto de vista de la estructura espacial:

1º ¿Qué significa que el temor sea angustioso?

2º Si la realidad del objeto no justifica la vivencia fóbica...qué la justifica? ¿Cómo es el objeto fóbico?

3º ¿Cuál es la estructura espacial de la relación fóbica, del «en donde», del escenario donde  se desarrolla el drama fóbico?

4º ¿Cómo es el "sujeto relacional" en la fobia para poder sufrir dicho ataque?

5º Cómo se relaciona esto con el carácter incoercible del temor fóbico y con la necesidad de conductas evitativas? ¿Cuál es la estructura espacial evitativa?

            Como se puede ver, estas preguntas tematizan todos los elementos nucleares de la definición...salvo el de la "irracionalidad" del temor fóbico. Sin entrar en el tema, sólo diré aquí que el temor y la conducta evitativa del fóbico suele experimentarlos éste como siendo bastante racionales, cuando no más racionales que las actitudes y conductas de los "normales" frente al mismo objeto o situación. (Menzies, R.G y Clarke, J.C., 1995). El paciente siente, experimenta, el peligro como "real" y como "realmente amenazador". Y siente su temor como "co-respondiente" a dicha amenaza, cuando la está experimentando. Otra cosa es la actitud de "juicio racional" que efectúa el fóbico "fuera de la situación fóbica", cuando re-flexiona sobre su vivencia, p.ej. cuando responde a las preguntas del semiólogo.

            Intentemos obtener respuestas a estas preguntas a través de lo que nos aporte el desvelamiento fenomenológico: (*)

            1ª Que el temor fóbico sea "angustioso" significa -de cara a nuestro tema- que ese temor implica vivencialmente el carácter de amenaza. Y no hay amenaza parcial, toda amenaza es total. "La amenaza relativa es amenaza sólo porque en su fondo está la amenaza absoluta" (Tillich; 1973; pág. 47). La amenaza lo es de destrucción total.

            Ahora bien... a "qué" o a "quién" amenaza la fobia?

 Vivencialmente, el objeto fóbico amenaza al "sujeto fóbico", quien siente que "él mismo" está en trance inmediato de ser aniquilado. Por ello, porque es el sujeto mismo, "como núcleo operativo de la identidad personal" lo que está amenazado, por lo que el temor fóbico es angustioso; el temor es a la destrucción de él mismo, no a la destrucción de "algo en él o algo de él", que podría ocasionar un mero temor (parcial). Lo que está amenazado es el sujeto en su ser, no en su tener. Es la "amenaza yoica". Ahora bien: la amenaza tiene el carácter "necesario" de ser inmediata e inminente. Algo amenazador en la lejanía espacial y/o temporal no despertaría la vivencia de amenaza. De hecho, el fóbico percibe al objeto o situación fóbica como "echándosele encima", (Riskind; Moore; Bowlwy; 1995), por ello la situación fóbica es vivenciada como "agobio intolerable". Esto es especialmente notable cuando la fobia implica explícitamente el movimiento del objeto. Por ej. en las micro zoofobias, como el caso de ratones o pájaros o insectos que se desplazan "dentro del espacio habitacional" del paciente y que son percibidos como animales invasores del espacio propio, que rápida e indeteniblemente penetrarán hasta la intimidad del sujeto.

            También es explícita en la vivencia fóbica este "echarse encima" de lo amenazador, cuando la relación fóbica implica el movimiento del propio sujeto dentro del espacio amenazador, como en el caso de algunas "dromofobias" variantes de la "agorafobia". Es el caso de algunos conductores o pasajeros de vehículos que se sienten a sí mismos "lanzados con velocidad exponencialmente creciente" hacia el paisaje, que -a su vez- perciben acercándose a ellos a una velocidad correspondiente, enorme y progresiva.

            Esta "relación" fóbica,  donde el sujeto no percibe  al objeto en un lugar determinado, patentiza que "el espacio físico  no es el lugar ni la colocación: es la estructura  de una conjunción  determinada por un movimiento respectivo" (Zubiri; H.D.;  pág. 488).

            Esta velocidad, que tiende a ser percibida por el fóbico como "aceleración infinita", pone de manifiesto la "tendencia" a desaparecer la distancia objeto-sujeto en la propia relación fóbica. Estas situaciones fóbicas presentan explícitamente la pérdida de distancia sujeto-objeto para el propio paciente fóbico y -por lo tanto- para el semiólogo, pero todas las relaciones fóbicas, por estáticas que sean, implican la "pérdida de distancia" frente al objeto fóbico. Este es percibido por el sujeto fóbico como estando en una absoluta inmediatez, o, lo que es lo mismo, sintiéndose él -como víctima- dentro del alcance inmediato de la potencia amenazante del objeto.

            La "no distancia" sujeto-objeto toma distintas modalidades de presencia, según el tipo de patología y el tipo de sensorio involucrado en el síntoma. Así, p. ej., en las fobias anancásticas a la contaminación, donde el sujeto está nuclearmente alterado, las fobias se presentan como contacto con lo amenazante dentro del sentido del tacto, en el cual es naturalmente necesaria una aproximación total sujeto-objeto para percibir algo. Aquí lo amenazante está pegado al sujeto fóbico. (La amenaza se ha cumplido!)

            También en el caso de las fobias ópticas (con mucho las más frecuentes) está presente esta inmediatez espacial del objeto fóbico, aunque aquí se presente de un modo más encubierto. En efecto, el paciente "se siente al alcance inmediato de lo amenazador. Esto es, se siente "dentro" del "espacio de amenaza" del objeto fóbico.

            El fóbico  no "se" distancia  del objeto, por lo tanto "no se distingue" de él  como sujeto. Con palabras  de Zubiri (E.D.R.:pág.133),  hablándonos de la "individuación": "El dinamismo éste de colocar las cosas en su lugar (...) es un distanciamiento. Y el distanciamiento es la forma mas elemental, pero ineludible, de la distinción.

2º ¿Cómo es el objeto fóbico?

            Desde el punto de vista del análisis psicopatológico del espacio, el objeto fóbico tiene "siempre" el carácter vivencial de "ámbito" dentro del cual se halla el sujeto fóbico. Esto es fácil de ver en las llamadas "fobias de situación" (agorafobia, claustrofobia, acrofobia, etc..) en las cuales el objeto fóbico es una determinada configuración espacial, (Como ya señalara López Ibor; 1.966) dentro de la cual se siente (se vive) atrapado el sujeto fóbico. Aquí no caben dudas sobre el carácter de ámbito del polo objetual de la relación fóbica.

            Aunque menos obvio, esto también es así en las llamadas "fobias de objeto". Todo objeto fóbico es algo concreto (temible) con el carácter de ámbito amenazador (global = angustioso).  El "pirofóbico" (fobia al fuego) ve delante de él unas llamas, pero el pánico que siente se refiere a la inmediata presencia amenazante -en las llamas- del incendio como ámbito a punto de rodearlo, de atraparlo. (Esto es igual si la llama es la de un hornillo de cocina, que el fóbico no puede encender sin sentir que las llamas atraparán su mano encendedora, donde se encuentra -en ese momento- el "yo operativo": "yo enciendo...con mi mano")

            El que tiene fobia a los perros, se siente dentro del ámbito de ataque del perro, aunque éste esté atado o tras una valla insalvable. En el caso de la fobia a pequeños animales ya citada, por ej. a los pájaros (relativamente frecuente en la población), que puede presentarse en espacios abiertos por un pájaro que vuela cerca del fóbico, el síntoma se incrementa si el vuelo sucede dentro de un espacio cerrado, "dentro" de cuyo ámbito se halla el sujeto.

            Resumiendo, habría tres tipos de polos objetuales en la relación fóbica: a) los ámbitos desestructuradores del sujeto; b) los objetos que desestructuran el ámbito vivencial del sujeto; y c) los objeto-ámbitos amenazadores de destrucción.

  1. a) los ámbitos situacionales cuya estructura espacial es desestructuradora del sujeto: Caso de la agorafobia, en la cual la amplitud desolada, sin objetivos alcanzables, (que organicen el espacio propositivamente como "camino hacia" - ver más adelante) puede desencadenar un vértigo psicológico, que puede llegar desde la oscilación del piso o de las cosas en el espacio, hasta el vértigo giratorio del espacio mismo de configuración del entorno entero. O en la acrofobia, donde la "altura" es para el paciente tan sólo vacío de precipitación abismática, vacío en el cual desaparece la distancia vertical del espacio como tercera dimensión, como "profundidad" de separación yo-situación, quedando atrapado el sujeto en la altura como puro espacio de caída, de profundidad de precipitación. La altura para el fóbico es tan sólo "precipicio".

            O en la claustrofobia, donde el espacio circundante (del ascensor, por ej.) es tan solo "ámbito de encierro absoluto", que no sólo atrapa, sino que aprisiona en un ámbito cerrado y "totalmente aislado" del resto del espacio, del espacio exterior desde donde se nutre la vida. De allí que ese espacio claustrofóbico sea para el paciente, "féretro mortal".

  1. b) Los objetos que, por su dinámica espacial desestructuran el "ámbito del espacio vital", como es el caso no sólo de los mencionados animales pequeños, sino también de la mayoría de las "meteorofobias" (a las tormentas, p.ej.) en que los fenómenos de alteración del espacio atmosférico circundante es vivido como amenaza de "caos" (pérdida de toda estructura coherente) situacional, con sensación de amenaza para la propia integridad espacial (física) del fóbico.

            El trueno, el relámpago, no son vividos por el fóbico como una perturbación local del orden atmosférico, sino como un "estallido" del orden circundante.

  1. c) Por último, los objeto-ámbitos que abarcan la mayoría de los objetos de las llamadas "fobias de objeto". Ya mencioné la fobia a los perros donde el paciente se siente dentro del ámbito de ataque del perro. Esto puede suceder aún cuando sólo oiga los ladridos tras el seto de una casa. Aquí la fobia se presenta en el espacio acústico que, por sí mismo, es ya un espacio en el cual el estímulo no se percibe como objeto "en" la distancia, sino como estímulo que "penetra" nuestro espacio, con cierta direccionalidad, hasta nuestra intimidad. Como nos indica con claridad Erwin Strauss (1971; pag.23) analizando "las formas de la espacialidad": «el sonido mismo (...) se nos acerca penetrando, llenando y homogeneizando el espacio». El estímulo sonoro no es un objeto, es una señal del objeto. En este caso, de un objeto amenazador, cuya señal sonora nos invade. Por ello el "sobresalto emocional" es frecuente ante este estímulo, aunque se trate de sujetos no fóbicos. El estímulo sonoro no puede ser distanciado; lo que puede es ser diferenciado del objeto que lo produce, cosa que el fóbico no hace nunca. Pero esto pertenece a otro punto del análisis que presentaré luego.

            Insisto en que los objetos fóbicos, aún los ópticos que permiten fácilmente su "captación a distancia", no son percibidos por el fóbico como colocados "en" el espacio.   "Percibir una cosa (...real; nos dice Sartre; 1964; pág.54) es ponerla en su lugar entre otras cosas". Por el contrario, los objetos fóbicos son percibidos como "constituyentes" de un espacio -amenazador- con carácter de ámbito. En la fobia a los cuchillos u objetos punzantes, el fóbico se siente dentro del ámbito de agresión (para sí mismo o para otros) de las "posibilidades" destructores del objeto. Aquí aparece claramente manifiesta  la característica del "ámbito" (fóbico) de ser ámbito de "posibilidad", no ámbito de "realidad". *

3º ¿Cuál es la estructura espacial de la relación fóbica? ¿"En donde" se desarrolla el drama fóbico?

            Hace muchas décadas que fue señalada la pérdida de la "profundidad" perceptiva en algunos cuadros psicopatológicos, pero este descubrimiento quedó acotado a la psicopatología de la percepción visual de algunos cuadros psicóticos: la llamada "visión plana" en algunos cuadros melancólicos. Mi experiencia clínica de los últimos 15 años me llevan a postular que todas las fobias, aún en su grado de "actitud fóbica" implican una alteración de la tercera dimensión.

            Toda fobia implica una alteración, una enajenación de la "tercera dimensión", de la profundidad, que es, como nos dice Merleau-Ponty (1957; pag. 283) «de todas las dimensiones, la más "existencial", porque (...) no se señala sobre el objeto mismo, sino que pertenece evidentemente a la perspectiva y no a las cosas».

            Las perturbaciones que presenta la profundidad percibida por el fóbico van desde el alejamiento del piso (suelo), que se presenta frecuentemente en el mareo de los agorafóbicos, hasta la sensación de opresión del ojo por los objetos o estímulos visuales en la "poliopía psicasténica", como es el caso estudiado por von Gebsattel (1966; pags. 74 y s.s) dentro de la psicopatología de las fobias y que, como el autor sugiere (ob.cit.pág.86) es frecuente de encontrar si uno la busca. (*)

            También están en relación intrínseca con esta perturbación de la tercera dimensión, la "macropsia" y la "micropsia", que se presentan frecuentemente en la percepción fóbica. Así, en las fobias de objetos amenazantes, éstos son percibidos no sólo como estando en gran proximidad, sino también con un tamaño incrementado.

            Por el contrario, en las agorafobias, donde es la amplitud del espacio  lo amenazador, los objetos percibidos dentro de ese espacio -entre ellos el cuerpo propio- tiende a percibirse como pequeños- lejanos.          

            Esta macropsia y micropsia corresponden plenamente a la "perspectiva subjetual" del fóbico, situado vivencialmente en la proximidad de lo amenazador o en la lejanía de lo protector.

            Y es que próximo o lejano son categorías vivenciales, son dimensiones "páticas" de la relación sujeto-objeto, en íntima relación con la sensación de dominio en dicha relación. Con la palabra precisa de Merleau-Ponty, (ob.cit.pág. 295): "Cuando decimos que un objeto es gigantesco o minúsculo, que está cerca o lejos (...) se hace en relación con un determinado «alcance» de nuestros gestos, con un determinado «dominio» del cuerpo fenoménico sobre su ambiente".

            El problema, en la relación fóbica, es que el dominio lo ejerce el objeto fóbico sobre el sujeto, quien se siente dominado por la potencia amenazante del objeto-situación. El sujeto fóbico es la víctima pasiva de la amenaza activa del objeto fóbico.  Si tomamos en cuenta que "la profundidad del espacio se abre con el movimiento", como nos dice Dieter Wyss (1.975; pág.185), la profundidad, la distancia, le pertenece al objeto en el caso de lo fóbico. Es el objeto fóbico el que se ha adueñado de la distancia respecto al paciente, quien sufre la alienación de su tercera dimensión. El paciente no pone activamente "su" distancia frente al objeto, sino que padece (pasivamente) la distancia de alcance amenazador que configura activamente el objeto-ámbito, dentro del cual se siente "incluido" el fóbico.

            En una relación  no fóbica, el sujeto "produce" la profundidad propia, por distanciamiento objetivador y por asimilación del objeto, en tanto que "recurso para la realización de sus intenciones", en su propio espacio de vida.  Algo que tenga el pleno carácter de objeto o,  en palabras de Heidegger (1.951;  pág.155) "algo «ante los ojos», no lograría jamás «descubrir» nada parecido a lo amenazador".

            El objeto fóbico no es un "utensilio" (a-la-mano) en el "espacio práxico" del sujeto, que éste pueda utilizar para realizar su acción. El objeto fóbico es una fisonomía  (amenazante) en el "espacio mental" (imaginativo-ideatorio) del paciente, con una pura presencia "pática".  Una imagen fotográfica, por ejemplo de un perro en actitud feroz, puede ser suficiente estímulo desencadenante de la vivencia fóbica.

            La presencia  de los objetos imaginarios es "fisiognómica", como nos dice Sartre, y las relaciones entre entidades fisiognómicas se construyen con "gestos"; como sucede en la pantomima, donde el espacio (y sus objetos) son creados fantásticamente por los gestos del mimo. Esto es, "cuando los cuerpos no son parte de un espacio (...) se relacionan mutuamente por medio de sus ademanes". (Nitschke; 1.976; pág.131).

            Tampoco es el objeto fóbico un "recurso" de la realidad para la apropiación personal del mundo por el sujeto. No es un objeto-recurso que el sujeto incorpore a su "espacio biográfico", a su "espacio histórico personal". El fóbico no se apodera del poder de los recursos exteriores para desarrollar y desplegar su poder personal-personalizador. El fóbico es presa, es víctima del poder despersonalizante del objeto fóbico, aunque sea éste un poder imaginario, (el poder (maléfico) del objeto fóbico es un "poder animista", de origen conceptual por parte del fóbico. (Ver Zubiri  1.984; pág.29), en cuanto que el objeto fóbico tiene solo presencia imaginada o en tanto la amenaza es tan sólo una "posibilidad pensada" respecto del objeto real presente que, como realidad, pertenece al mundo estimúlico impersonal.

4º ¿Cómo es el sujeto fóbico?....para poder sufrir esa amenaza en el espacio?

            Las señaladas características del "en donde", del escenario donde se presentan los objetos fóbicos como: espacio mental, imaginativo-ideatorio (no es un espacio fáctico de acción), como espacio de representación simbólica (no es un espacio real de realización), como espacio estimúlico impersonal (no es un espacio histórico-personalizador), nos permiten captar más acuciadamente las características del sujeto fóbico en su dimensión de "sujeto de relación espaciosa".

            El fóbico -en su relación fóbica- no es una persona (libre y autónoma) que objetive desde sí las cosas reales allí donde están, en el mundo real, apoderándose del poder de la realidad para realizar sus propias intenciones y, de ese modo ir realizando su propia personalidad.

            Por el contrario, el fóbico (en sus relaciones fóbicas) es un sujeto impersonalizado, desrealizante, en una actitud adinámica, desde un posicionamiento de total impotencia, que subjetiviza imaginariamente al objeto y se objetiviza desanimada y pasivamente a sí mismo.

            Como el propio Gebsattel (Ob. cit; pág.81) señala: "Todos los investigadores que han estudiado la psicopatología de la psicastenia (...) afirman que existe una relación  entre fobia y reacción adinámica".

            Veamos en aproximación fenomenológica:

            Un claustrofóbico a los ascensores por ejemplo, no se dirige al ascensor como a un instrumento de transporte vertical, que él pueda usar para subir al octavo piso, para realizar allí su intención "X". Jamás lo percibe, ni lo usa, como un recurso a su servicio personal.

            Tampoco utiliza este claustrofóbico al ascensor como una parte real de un todo real estructurado. El ascensor, para el fóbico, es una caja aislada-aislante, sin conexiones operativas (al menos practicables) con el edificio, sus pisos, sus puertas, sus rellanos, su aire ambiental, sus usuarios, la calle, la ciudad, etc. Un fóbico jamás explora ni constata la estructura del objeto fóbico y su situación, no lo objetiva. "El espacio del objeto irreal no tiene partes", como nos dice Sartre (ob.cit.pág.161), por ello, "el objeto (imaginario...) se dá por entero (fisiognómicamente) y a la vez no se deja observar" (ob.cit.pág.54)

            El ascensor "se" le presenta al fóbico sólo por su aspecto fisiognómico de encierro absoluto, no como un instrumento relativo de transporte: de estructura relacionante de distintos espacios reales. (Ab-soluto quiere decir "sin relación" con nada, lo cual puede existir sólo como objeto ab-stracto, sacado de la realidad, pero no como una realidad, que es siempre relativa-relacional en el campo de lo real).

            El fóbico, no "mete" con su acción al objeto (fóbico) dentro de "su" espacio, por el contrario, se siente metido dentro del espacio objetual. Hablándonos del fenómeno Isakower", Sami-Alí (1.976;pág.122) nos dice "que la visión, a causa de la coincidencia del sujeto y el objeto, se encierra en un espacio estrictamente carente de profundidad (...). La relación «aquí-allá» es reemplazada por la relación, mas primitiva «adentro-afuera»." Hay aquí una actitud (fóbica) de pasividad cósica, de adinamia, de no ejercicio del posicionamiento de un verdadero sujeto-activo, que se diferencia del entorno para constituir un "aquí" originante del "allí", donde queda colocado el ob-jeto (ob-yecto: arrojado delante), por un enfrentamiento objetivador. En la relación fóbica el fóbico no objetiva realmente ni al objeto ni a la situación, ni a la posible amenaza, de la que tan solo huye.

            Tampoco en esta relación el fóbico se "subjetualiza" realmente: no se diferencia, ni independiza, ni se distancia del objeto-ámbito, como un sujeto personal. El fóbico no se libera a sí mismo del medio-ambiente, ni libera un espacio real desde el ambiente por retracción distanciadora. Ni "dimensiona" el espacio "recorriéndolo".

            Según la filosofía del espacio de Zubiri, expuesta por Ellacuría (1.974, pág.490-91): " Que las cosas dejen entre sí un cierto ámbito (...) no significa que eso sea un espacio". (...) "El espacio no es el ámbito, sino la estructura métrica de los movimientos que en él se producen. Para que haya espacio es necesario «recorrer» el ámbito."

             En la relación fóbica no existe un verdadero aquí, tampoco un verdadero allí. Estos términos (aquí/allí) gramaticalmente son "deícticos" (término que proviene de "dedo"), señaladores del correlativo posicionamiento (co-locación) de sujeto-objeto. No señalan lugares ya existentes por sí mismos en una geografía, ni siquiera humana; o existentes en un espacio geométrico o físico.

            "Aquí" es donde estoy yo. "Allí" es donde está mi objeto. No es que yo esté aquí, sino que yo constituyo el aquí, donde se origina mi (propia) relación con el mundo. Aquí es desde donde yo origino mi mundo. La relación fóbica -de amenaza- se origina en el objeto-ámbito y recae sobre un sujeto-cosificado, víctima pasiva e impotente de la amenaza.

            El fóbico no es una persona que da respuesta personal a una situación, tan sólo reacciona al estímulo (amenazante).

            La relación fóbica implica una dinamización imaginaria del objeto, que se presenta al fóbico con "animadversión" hacia él. Esto implica una paralización del sujeto.

            En la relación fóbica hay un "animismo" imaginario del objeto y un correlativo "des-ánimo" del sujeto. El ánimo (en el sentido de energía y propósito: "el alma desplegándose en el espacio") se ha alienado del sujeto, pertenece al objeto. Esta alienación anímica del fóbico se plasma fundamentalmente en una alienación espacial fóbica, en el doble sentido de que el espacio (fóbico) no es propio, es ajeno, es del objeto, y en el sentido de que el fóbico mismo está alienado en un espacio ajeno-enajenante: el fóbico está alienado de su condición natural de ser sujeto de lo suyo.

            Esa mismidad propia (ser sí mismo por apropiación: la "suidad" en términos de Zubiri;1.989 pág.236 y s.s.; y 1.984 pág.508) es lo que llamamos "intimidad". Es precisamente la intimidad como ámbito de lo propiamente personal lo que está amenazado en lo fóbico.

            En el caso de las fobias de situación, donde es el ámbito espacial lo que desestructura al sujeto, ésto aparece claramente como un estar espacialmente "ex-puesto" de forma absoluta, desligado de sí mismo. En la claustrofobia el sujeto se siente ex-puesto (puesto fuera) en una circunstancia que justamente elimina el espacio exterior, por lo tanto, todo el espacio: aquí no hay dentro y fuera, interioridad y exterioridad, ya que la exterioridad espacial es vivida como opresión total, como amenaza de desaparición del espacio exterior, por tanto también del interior subjetual, ya que no puede existir realmente interior sin exterior.

            En la agorafobia, esta "amenaza de la intimidad" se explicita aún más en lo fenoménico. Aquí lo que vive el fóbico es precisamente la amenaza directa a su subjetualidad que le produce todo espacio exterior, ya que dicho espacio lo percibe como opuesto y destructor del ámbito íntimo o familiar. El agorafóbico va así restringiendo "su" espacio de salida al exterior en una regresión desde lo más ajeno a lo más íntimo: desde el extranjero a su cama, pasando por lo alejado de su ciudad, hacia el barrio y la casa propia. El agorafóbico es incapaz de sentir un espacio propio, íntimo, dentro del espacio exterior, público. No distingue intimidad de interioridad, de allí que toda salida al exterior la viva como pérdida de su interioridad-intimidad. Esta es la razón estructural-espacial que nos permite comprender la usual presencia de socio-fobias (antropofobias) en la agorafobia.

            Las frecuentísimas socio-fobias muestran paradigmáticamente esta falta de apropiación de la interioridad, por parte del fóbico, que convertiría a ésta en intimidad. El sociofóbico vive amenazadamente su intimidad -sus deseos, sentimientos, creencias y criterios- por la simple exposición frente a "otra conciencia". El sujeto siente aquí que su intimidad está enajenada por la conciencia del otro. Es la intimidad del otro (sus cánones, especialmente valorativos) la que se apropia del sentido -subjetivo- de lo vivido. El sociofóbico encarna explícitamente la enajenación de la intimidad descrita por Sartre como "cosificación por la mirada del otro".

            Estos fóbicos no pueden vivir aquello de que "la expresión pone de manifiesto (...) una realidad mía. (Pero que) No sale del ámbito de mi intimidad" (Zubiri 1.986, pág.279).

            Esta "pérdida de la intimidad" por la simple exposición, "exteriorización" de ella, lleva al sociofóbico y al agorafóbico a una conducta evitativa de las manifestaciones personales y, por lo tanto, frecuentemente a la "alexitimia", a la pérdida del lenguaje de manifestación afectiva.

5º ¿Porqué el temor fóbico es incoercible y cómo es la estructura evitativa?

            Si ya "el temer abre (...) algo amenazador" (Heidegger, ob.cit.pág.369) el temor angustioso, como hemos visto, instala al fóbico dentro del ámbito de la amenaza como inminencia de destrucción del sujeto, por destrucción del "espacio (propio) personal" y del "espacio real de percepción".

            El temor llega a ser incoercible porque encarna la amenaza total de su desaparición (si esto sucede es un ataque de pánico) y porque el fóbico no "dis-pone" ni de espacio ni de tiempo -en la realidad- para alejar el peligro; ni dispone de recursos reales para enfrentarse a él, como se puede concluir de todo lo visto.

            Al fóbico solo le resta la conducta evitativa, esto es, intentar no "entrar en contacto" con los objetos o situaciones fóbicos, puesto que estos son ámbitos (de amenaza) que lo atrapan. Lo tremendo para el fóbico es que su conducta evitativa es desapropiativa del mundo real y de sus recursos, para desplegar su vida en el espacio exterior. Su conducta impersonal es despersonalizadora de sí mismo y desrealizadora del espacio del mundo, por lo tanto de éste.

            Y si su mala fortuna lo pone en una situación fóbica, el fóbico necesita imperiosamente "huir" de ese espacio. Su problema es que, la conducta de huida no es un "salir" de un espacio real por construcción de otro espacio real, hacia el cual uno ha dirigido su intencionalidad propositiva. La huida es sólo "movimiento desde", no "acción hacia".  Por ello toda huida es altamente peligrosa. El que huye ni siquiera mira hacia donde  va.

            Pero es que, además, la huida es siempre imaginaria.  Se da dentro de la espaciosidad (ámbito) no real de la amenaza fóbica, donde no hay distancia sujeto-objeto.

TIPIFICACION DEL ESPACIO FOBICO

            Las características espaciales de la sintomatología fóbica que nuestro análisis ha ido mostrando, tanto en el objeto y en el sujeto, cuanto en la relación fóbica, nos ha desvelado una espaciosidad que, sintéticamente, podemos llamar "espacio fóbico de enajenación" (antónimo de "apropiación").

Formulado de un modo más riguroso diríamos: el comportamiento fóbico -más una actitud que una conducta, si obviamos las conductas evitativas- implica una espaciación alienante que no construye un espacio real propio, personal: y cuyo producto pasivo (el espacio de padecimiento fóbico) es un espacio irreal-despersonalizador.

            Desde el punto de vista de la estructura genérica y sistemática de dicho espacio, podemos designarlo como un "espacio imaginario". Un espacio en el cual: " debido a una pérdida de distancia con relación al objeto, lo real se confunde con lo imaginario y la percepción, con la proyección", nos dice Sami-Ali (ob.cit.pág.164) en su estudio sobre "El espacio imaginario".

            Lo fisiognómico es lo pregnante de la presencia del objeto fóbico. Y la fisonomía es la expresión gestual de un "sentido" para el sujeto. En este caso de "amenaza". El objeto fóbico tiene preponderantemente una "presencia intencional" en  la conciencia del fóbico. Pertenece al espacio mental de re-presentación significativa intencional.

            El objeto fóbico operativo (la amenaza) es la presencia del sentido de amenaza y, como nos dice Diego Gracia (1.974,pág. 372): "de las «cosas-sentido» sólo existe concepto (...) su existencia es puramente intencional".

            Este espacio imaginario, descrito por muchos autores, ha sido muy bien explorado fenomenológicamente por Sartre en su obra sobre "Lo imaginario", de donde extraigo un par de citas: "el espacio imaginario tiene un carácter mucho más cualitativo que la extensión de la percepción: toda determinación espacial de un objeto en imagen se presenta como una propiedad absoluta "(pag.161).

             -"El mundo imaginario está totalmente aislado, sólo puedo entrar en él irrealizándome" (pág.166).

            Por último, otra cita de la misma obra (pág.157) nos permitirá apuntar al problema de la génesis de este espacio imaginario en la relación fóbica: "el acto de imaginación es un acto mágico. Es un encantamiento (...) En este acto hay siempre algo de imperioso y de infantil,  una negativa a tener en cuenta las distancias".

            En efecto, el espacio imaginario donde se desarrolla el drama fóbico, es un espacio de relación primaria yo-mundo. Es una relación que pertenece a la infancia, ya sea del individuo humano, ya sea de la humanidad.

            Dieter Wyss (ob.cit.pág.198) nos dice que en el niño y el salvaje "aparece no sólo la diferenciación insuficiente entre lo propio y lo ajeno, sino también el carácter  predominantemente plástico de su mundo de representaciones".

            Ese  "mundo (y espacio) primitivo", cuyos "componentes (...)  no son cosas, sustancias, esencias, sino «eficacias dinámicas»" (Werner, 1.965) ha sido magníficamente descrito por este autor, como por Levy-Strauss y muchos otros  antropólogos, como un mundo sin clara diferencia yo-no yo, ni interior-exterior, de causalidades a distancia, de un espacio "topológico" (no métrico) que se organiza por la dinámica de los poderes animistas, etc.

            Este espacio primario-imaginario es donde habita ese sujeto espacialmente despersonalizado-desrealizante que es el fóbico en su relación fóbica adinámica-alienante (no apropiativa).

            Para terminar, unas palabras del gran maestro de la  exploración fenomenológica de la corporalidad, Merleau-Ponty (ob.cit.pág.294): "Cuando nos dejamos ser en el mundo sin asumirlo activamente, o en las enfermedades que favorecen esta actitud, los planos no se distinguen ya unos de otros".

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