Prólogo

Otra vez nos sorprende Héctor Pelegrina con una obra extraordinaria. Ya su primer libro, “Fundamentos antropológicos de la psicopatología”, provocó toda mi admiración y la catalogué –en un artículo publicado en Chile en la “Gaceta de Psiquiatría Universitaria” (GPU)– como “una obra amplia, profunda, fundamental y fundante de futuros desarrollos”. Este libro merece los mismos epítetos, pero a ellos habría que agregarle la gran utilidad práctica que va a tener, virtud que al primero podría no habérsele atribuido necesariamente. Y esto porque en esta obra Pelegrina aplica su novedosa psicopatología general a la mayoría de las enfermedades o síndromes psiquiátricos que enfrentamos en la práctica clínica cotidiana, lo que va a permitir una comprensión diferente de ellos y, como consecuencia, una nueva taxonomía, mucho más acorde con ese ámbito de la realidad que son las anormalidades psíquicas.

Estamos aquí frente a una refundación de la psicopatología 100 años después de la gran “Psicopatología General” de Karl Jaspers. Todos los aportes que ha hecho, por ejemplo, la psiquiatría de orientación fenomenológico-antropológica al estudio de los síndromes psicopatológicos han sido sin duda fundamentales, pero siempre orientados a algún aspecto particular del mundo psicopatológico: ciertas legalidades de sentido en la biografía de los pacientes esquizofrénicos (Binswanger, 1957); el estudio de la temporalidad en la depresión (von Gebsattel, 1954); la personalidad pre-depresiva y las situaciones desencadenantes en la melancolía (Tellenbach, 1961); la pérdida de la evidencia natural en la esquizofrenia (Blankenburg, 1971) etc., etc. Pero no se había escrito hasta ahora una nueva psicopatología fenomenológica general (el primer libro de Pelegrina, “Fundamentos Antropológicos de la Psicopatología”, 2006), ni menos, como ahora, una psicopatología regional tan completa, que abarcase desde las enfermedades endógenas hasta las adicciones. Ahora, su novedad radica en el hecho de que la antropología con respecto a la cual Pelegrina desarrolla su psicopatología está basada en los nuevos paradigmas de las ciencias, que Jaspers obviamente no alcanzó a conocer.

El índice del libro ya da una idea del grado de ambición de esta obra colosal. Ahí nos encontramos con capítulos que tratan temas tan trascendentales como “El problema de la unidad del ser y el conocer”; “El Logos: la organización formal del comportamiento”; “El Timos: organización modal del comportamiento”; “Vulnerabilidad y psicopatología del Logos (psicótica)” y “Vulnerabilidad y psicopatología del Timos” (neurótica). Y cada uno de estos capítulos es desarrollado con una notable acuciosidad, sin dejar cuestión relacionada sin discutir. Así, en el primero, entre otras cosas, nos resume en forma muy didáctica las características del paradigma actual de las ciencias, llamado genético-estructural, demostrando en ello profundos conocimientos de física, biología, teoría de la evolución, teoría de sistemas, ciencias neuro-cognitivas, estructuralismo y, por cierto, de fenomenología. En el segundo capítulo, el del “Logos”, trata temas tan fundamentales como el de la frontera entre lo real y lo mental, la construcción de la permanencia del objeto y del sujeto, la presencia de lo real en formas abstractas y la aparición de “lo mental” y del ámbito simbólico expreso (pensamiento y palabra) y, por último, el esquema evolutivo de formalización del pensamiento. En el tercero, el del “Timos”, Pelegrina desarrolla, con la misma rigurosidad y, yo agregaría pasión, temas no menos importantes, como por ejemplo, la diferencia entre significado y sentido –ya anunciada en la introducción–, los modos de intencionalidad (los afectos o “tipos posicionales” y los propósitos o “tipos proposicionales”). Entre los afectos distingue entre emoción y sentimiento, y entre humor, ánimo y temple y entre los propósitos, entre poder, desear-querer, necesitar-apetecer y deber-tener-que. Por último, el autor nos explica las etapas madurativas de la afectividad y los distintos tipos de “mentalidades”.

Los dos capítulos siguientes los considero el gran aporte de Héctor Pelegrina a la psicopatología clínica: su distinción entre logopatías y timopatías. En rigor, esta distinción fue propuesta originalmente por mí en varios trabajos que se iniciaron ya en 1991 (y el concepto de timopatía había sido introducido a su vez por López-Ibor Sr. en 1950), pero debo reconocer que la fundamentación que él hace de estos dos grandes ámbitos de la patología mental es muy superior en amplitud y profundidad a la mía y en cierto modo también a la de López-Ibor. Ahora bien, existe entre ambas conceptualizaciones, la suya y la mía, una diferencia no menor: mientras en el campo de las logopatías coincidimos plenamente sobre qué cuadros psicopatológicos habría que incorporar a esa categoría (todas las psicosis y muy ejemplarmente las esquizofrenias), en el caso de las timopatías su concepto es mucho más amplio, por cuanto él concibe como tales no solo a los síndromes ansiosos y depresivos –como ocurre en mi propuesta–, sino también a las adicciones y a los trastornos de la alimentación. Y debo reconocer que desde su teoría del “sentido” afectante (a diferencia del “significado”) él tiene probablemente razón, porque en ninguna de esas patologías que él agrega al grupo de las timopatías, existe ni la más mínima desestructuración ontológica tan propia de las logopatías. Otra diferencia estriba en que yo me inspiro solo en Martin Heidegger, cuando plantea que los dos modos de estar el Dasein en el mundo son la Befindlichkeit (encontrarse, disposición afectiva, hallarse) y la Verständlichkeit (comprensibilidad, lenguaje, en último término logos). Yo interpreto entonces los cuadros ansiosos y depresivos como perturbación de esa primera dimensión del ser humano, mientras las esquizofrenias y los cuadros delirantes en general como perturbaciones de la segunda, la Verständlichkeit. Pelegrina, en cambio, se apoya también en otro tipo de consideraciones venidas desde la biología y la teoría de la evolución para desarrollar su teoría de los afectos. Y a mí me convenció absolutamente de que no solo los cuadros ansiosos y depresivos, aquellos que afectan en lo fundamental al modo de hallarse la persona en su cuerpo, sino que también las adicciones (y la anorexia nerviosa es en rigor una de ellas) deben ser consideradas como alteraciones tímicas.

Después de esta revisión sucinta del contenido del libro, quisiera detenerme en algunos conceptos expresados en él, que me parecen no sólo importantes en sí, sino también de gran trascendencia para el futuro de la psicopatología:
1.- El primero se refiere a la crítica que el autor hace de la situación actual de la psiquiatría y de la psicopatología imperantes que es contundente y simplemente irrebatible: “El carácter meramente sintomático y sindromático de sus diagnósticos, con falta de unidad estructural en la captación de cada enfermedad, ha constituido tablas nosográficas de entidades inconexas, en lugar de constituir una noso-logía”. Y agrega: “Esta tiene que ser un edificio conceptual coherente, con una estructura lógica que diferencie esencialmente las distintas entidades morbosas desde criterios genéricos de la patología psíquica, derivados de la comprensión de las estructuras específicas de la vida humana y sus específicas vulnerabilidades”. Él afirma que la psiquiatría imperante ha asumido “como axioma metodológico fundamental la pretensión ‘científica’ positivista de contar solo con los datos registrables sensorialmente …, descartando del conocimiento científico todo lo subjetivo y lo teórico”. Luego nos muestra cómo la psiquiatría actual se basa en un paradigma ontológico y metodológico incoherente con el campo de realidad estudiado, cual es el comportamiento humano, lo que explicaría entre otras cosas la abundancia de co-morbilidades, porque “se diagnostican concomitancias sintomáticas como si estas fuesen entidades morbosas separadas, incluso se construyen entidades morbosas desde un solo síntoma, en un ‘nominalismo’ extremo…”.
Su elaboración de lo que debe ser una verdadera psicopatología es simplemente magistral. Él analiza primero la historia de cómo han sido conceptualizados los signos y los síntomas en medicina y psiquiatría y en qué cosmovisión se basa su manera de interpretarlos. Y así leemos: “La mayor impropiedad semiológica es la pretensión de registrar los síntomas como si fueran objetos de la naturaleza, como si fuesen cosas, estructuras físicas perceptibles…”. Y más adelante añade: “La psicopatología ni es ni puede ser una pura ‘semiología de signos’ que estarían ob-viamente delante de los ojos con e-videncia”. Luego nos señala cómo todo lo que percibe el ser humano implica una interpretación y de paso nos recuerda cómo ya la Psicología de la Gestalt demostró tempranamente la importancia que “el significado implícito tiene en una figura percibida para la propia configuración sensorial del percepto”. Y luego termina resumiendo cuál es el verdadero ámbito de la psicopatología cuando afirma: “… los síntomas psicopatológicos implican siempre…dos fuentes de interpretaciones, dos ‘logos’, el del paciente y el del explorador. Su captación será…necesariamente dia-lógica y dialéctica”.
2.- El segundo se refiere al trascendental concepto de frontera. Él parte definiendo la vida como un proceso autopoiético y señalando la importancia de la frontera informativa. La complejidad del tema se puede apreciar en la siguiente cita: “La frontera sensible registra el estímulo ambiental como un signo informativo del nicho (ecológico) para la vida, en la propia frontera. Ese registro informativo del estímulo incidente es la sensación, que hace presente ‘en y a’ la vida lo otro como señal…”. El estilo no es fácil y muchas veces uno se va a encontrar durante la lectura con formulaciones semejantes, pero lo que ocurre es que el tema es en sí difícil de abordar y el autor procede siempre con la rigurosidad de un anatomista que va disecando los planos de la realidad que tiene en frente. En esos momentos hay que volver a leer la frase, relacionarla con la anterior y con la que sigue y el sentido se va a ir aclarando y el lector quedará al final sorprendido de la precisión con que el autor, como en este caso, ha logrado definir un fenómeno tan complejo como es la sensación. Sin embargo, más adelante el problema se va aclarando, cuando afirma: “La membrana biológica es una frontera, una interfase dinámica que incorpora y excorpora materia y energía de un modo discriminado para la autoconstrucción de la vida”. Y luego afirma: “Para cumplir su papel de transporte discriminante, la membrana tiene que distinguir necesariamente al propio organismo de lo otro y distinguir lo constructivo de lo neutro y de lo destructivo”.
Pero ¿qué relación puede tener este concepto con la psicopatología? Lo que ocurre es que el cerebro es parte de la frontera y como dice Pelegrina: “la frontera es una interfase dinámica de transporte diferencial de información, de fuera a dentro y de dentro a fuera. Es la misma dinámica fronteriza la que construye los dos polos de la realidad respectiva”. Y esto lo relaciona con el concepto de “enaction” de Francisco Varela (“…la cognición no es la representación de un mundo pre-dado a una mente pre-dada, sino más bien la interactiva puesta en escena del mundo y de la mente”). Y Pelegrina concluye: “Esta postura epistemológica percibe la sensibilidad –y luego la inteligencia– como frutos evolutivos del proceso biológico de diferenciación comunicativa entre el organismo y su nicho ecológico”. Esa sensibilidad inteligente va a permitir al humano percibir “cosas” y no “estímulos” y al mismo tiempo hacerse independiente de ellas (o ellas de él). Esto significa que el ser humano puede postergar la apropiación de un bien para elegir otro. Y es esta libertad electiva frente a las cosas la que en mayor o menor medida desaparece en la patología tanto neurológica (síndrome frontal) como psiquiátrica (obsesiones, adicciones). Y Pelegrina escribe al respecto: “La autopoiesis en la vida humana ya no es la simple autoconstrucción del sistema de vida específico, sino la construcción de sí mismo, como persona autónoma, libre de elegir y efectuar su conducta desde sus propios criterios. Y la construcción de un mundo personal desde la asignación de valor y sentido a las cosas”. Y termina afirmando que “la autopoiesis humana es una apropiación personalizadora”. Este concepto permite entender la psicopatología como una alienación, como “procesos des-apropiativos…como des-personalización y des-realización de la vida personal”. Y el autor termina ese capítulo mostrando cuán elemental y profundo es el nivel desde el que está partiendo para reordenar la psicopatología: “Esta dialéctica comportamental –de apropiación personalizadora o de alienación despersonalizadora– entre persona y mundo, se estructura en el plano de la organización informacional-simbólica del comportamiento. Y ese plano…tiene dos vectores constituyentes: el del significado de las cosas que se entiende y el del sentido de las posibilidades que se sienten”, vale decir Logos y Timos. Y luego explica cómo los significados aparecen como pertenecientes al mundo y las cosas como “evidentes por sí mismas”, mientras los sentidos de las cosas (o de las situaciones) “los experimento yo afectivamente”. La perturbación de los significados inteligidos es el ámbito de las psicosis o logopatías y la del sentido, el ámbito de las neurosis o timopatías.
Ahora, yo pienso que el concepto de frontera se puede aplicar también a la comprensión de fenómenos particulares que se presentan con frecuencia en la esquizofrenia, como por ejemplo el síndrome de influencia, el síndrome paranoídeo y las alucinaciones auditivas. Si algo tienen todos ellos en común es justamente la pérdida de los límites entre el adentro y el afuera, entre lo propio y lo ajeno. El paciente, al tener una frontera poco consolidada (otra pregunta es por qué se llegó a eso y ahí la estructura y dinámica familiares son trascendentales), no es capaz de mantener la “postura existencial” (el Standverlust en el sentido de Zutt) y es avasallado y subyugado por el mundo y por los otros.
3.- Como tercer punto quisiera comentar brevemente la iluminadora idea de Pelegrina de que lo esencial de las psicosis o logopatías es una “des-ontologización” del mundo. Pelegrina parte afirmando que una “alteración ontológica es una alteración formal de la con-figuración de los entes del mundo de vida –y del propio ente humano– que implica una modificación del significado de los entes…”. Lo alterado en la psicosis no es la forma de ser afectado el sujeto por el mundo, sino “la forma de estar estructurada la trama de los entes que configuran al mundo y al sujeto del comportamiento”. Y más adelante precisa: “Es esencial entender que ‘alteración formal’ no significa un mero cambio o modificación parcial de una forma concreta… (sino) una trans-formación de la identidad de la forma, un cambio de su esencia”. Luego el autor va mostrando con su acuciosidad habitual de qué manera este fenómeno se observa en los grandes síntomas psicóticos como el delirio, la alucinación y lo que se ha dado en llamar “pérdida del criterio de realidad”. En suma, la psicosis implica la alteración del “ser” de las cosas del campo de vida de una persona, vale decir, su forma de significar y que afecta tanto a la ontología del mundo experimentado como al carácter ontológico del sujeto experiencial. Esta tesis de Pelegrina se nos hace más evidente en su verdad cuando la comparamos con todos los otros intentos que se han hecho de determinar el fenómeno esencial de la esquizofrenia, desde la escisión en Bleuler, pasando por la incomprensibilidad en Jaspers, hasta la pérdida de la evidencia natural en Blankenburg.

Tengo plena conciencia de que estas notas reflejan apenas parcialmente lo que este libro es, significa y significará. Es tal su amplitud, consistencia y profundidad, que requeriría varias lecturas para poder comprenderlo a cabalidad. No me cabe si no felicitar al autor por esta obra trascendental, que en mi opinión representa una verdadera revolución en el campo de la psicopatología, y que está destinada a cambiar el destino de la psiquiatría toda.

Otto Doerr-Zegers.

Santiago de Chile, Septiembre de 2017.

Introducción (resumida)

Este libro es un intento de “Psicopatología Regional o Dimensional”, continuación de mi Psicopatología General (Fundamentos Antropológicos de Psicopatología), publicado en 2006. Una psicopatología general intenta describir la estructura genérica de la vida psíquica humana, como ámbito de surgimiento de la psicopatología, del enfermar psíquico. Y una psicopatología especial pretende describir las estructuras concretas de cada una de las “entidades nosológicas” particulares del enfermar psíquico. Entre ambos niveles, la situación actual de la psiquiatría demanda la elaboración de una “psicopatología regional”. Esta última pretende ser una psicopatología diferencial que distinga los distintos sistemas de organización de la vida psíquica, involucrados en los diferentes “tipos” de estructuras psicopatológicas que muestra la clínica psiquiátrica.

¿Hay razones que justifiquen esta pretensión? A mi juicio sin duda.

Por un lado, la práctica clínica sigue distinguiendo pertinazmente la diferencia entre psicosis y neurosis, aunque no pueda aportar una fundamentación conceptual clara, que soporte teóricamente dicha intuición clínica.

Por otro lado, la categoría de “neurosis” ha vuelto a ser demandada a nivel teórico en la bibliografía de los últimos treinta años, a pesar de su eliminación de las tablas nosográficas internacionales.  En estas, la PMD, como trastorno “tímico”, se ha ido relacionando con todo el campo de las “Distimias”, y aproximándose, sobre todo últimamente, a ese campo genérico de los trastornos afectivos. Campo a donde ha ido a parar casi toda la psicopatología antaño referida al campo de las “Neurosis”.

Este término, y lo que él implica, a pesar de su eliminación de las tablas nosográficas, no ha desaparecido, ni mucho menos, de la praxis clínica. ¡Y últimamente vuelve a ser reclamado a nivel teórico! Valga como ejemplo el grueso volumen, publicado en 2002, bajo la coordinación de M. Roca Bennasar,  titulado Trastornos Neuróticos. ( Soc. Esp. de Psiquiatría Ed., Barcelona, 2002) En él, el Prof. Juan José López-Ibor Aliño plantea la necesidad de fundamentar su comprensión en una “psicopatología general”, que esté basada en una “antropología” (ob. cit., p. XIV). Y donde el Prof. Enrique Baca sostiene que “La neurosis es un capítulo de la patología psiquiátrica aún abierto y vivo, cuya prematura postergación ha dificultado enormemente la progresión en la investigación de lo que constituye más de la mitad de la práctica clínica psiquiátrica”. Agregando como conclusión, que hace falta “una psicopatología que (…) se atreva a plantear la indagación sistemática del sentido de los síntomas, no su mera descripción” (ob. cit., p. 26). ¡Suscribo esta afirmación! Sosteniendo que el pretendido descriptivismo objetivante de los síntomas como si fuesen signos, es fruto de una postura epistemológica primaria e ingenua.

Esto último se relaciona con la creciente denuncia de la enorme co-morbilidad que ha desencadenado el uso difundido de dichas tablas. Situación difícilmente aceptable como respondiendo a una verdadera comorbilidad entre distintas entidades nosológicas y no a la distinta presentación sintomática de un mismo trastorno, como es postulado por un creciente número de autores. Al respecto puede ser paradigmático el trabajo de revisión diagnóstico-evolutivo del Prof. Juan J. López-Ibor y su hija Mª Ines sobre “La crisis recurrente de la psiquiatría” (1ª parte de: Hacia nuevas estrategias de investigación en los trastornos mentales. (Actas Españolas de Psiquiatría, 2013, 41 (1): 33-43). En sus conclusiones (p. 41) señalan tres características nucleares de la permanente crisis: “la clasificación, el dualismo y el localizacionismo”. Concuerdo con ello, y en el libro señalo los fundamentos –tanto epistemológicos cuanto ontológicos– de la persistencia de dichas características conflictivas.

En tercer lugar, los autores que trabajan desde las actuales perspectivas de la epistemología y ontología de niveles, como Lantéri-Laura, vienen postulando desde hace unos años dicha psicopatología regional. (Lantéri-Laura, G.; La noción de epistemología regional en Psiquiatría. Vertex, Rev. Arg. de Psiq. Vol. XV, Nº 55, 2004) Allí este autor sostiene que … “El momento actual de la psiquiatría muestra la imposibilidad de contar con un solo referente teórico o un principio unificador para todo el campo de la especialidad”. Esta postura, dentro de la Teoría General de Sistemas, que implica una visión antropológica evolutiva del surgimiento epigenético de estructuras complejas, con dimensiones nuevas, no derivadas de los niveles inferiores, apunta a la necesidad de estructurar psicopatologías dimensionales.

Personalmente me encuentro dentro de ese grupo, como puede constatarse ya en mi libro de Psicopatología General, antes mencionado.

En el nivel teórico, la psiquiatría actual tiene dos grandes problemas. Por un lado no tiene un concepto claro de enfermedad mental, ni tampoco de la diferencia estructural entre psicosis y neurosis. Por otro lado tiene grandes dificultades para interrelacionar coherentemente las diferentes dimensiones que integran la vida humana. (Por ejemplo, las estructuras biológicas de las redes neuronales con las estructuras semánticas de su comportamiento.) Ambos problemas generan dificultades operativas en la praxis clínica, que demandan nuevos paradigmas. Hoy es necesario un nuevo paradigma antropológico de la unidad sistémica de la vida y comportamiento del individuo humano, cuanto paradigmas regionales de las distintas estructuras dimensionales, o subsistemas que integran su vida y comportamiento. Paradigmas regionales que permitan la captación unitaria de los síntomas psicopatológicos en entidades nosológicas, según el “tipo” de estructura alterada, que nos lleven a superar la híper co-morbilidad de los actuales síndromes sintomáticos, contrarios a la intuición clínica. [ejemplos: anorexia!]

Desde los actuales paradigmas de “dualismo ontológico” que escinden al ser humano en cuerpo material y alma o psiquis espiritual, no es posible integrar las dimensiones de su vida de modo coherente. Tampoco han resuelto el tema los monismos paradigmáticos reduciendo una dimensión a otra, o ignorando o negando a la otra. Ha sido el caso del “vitalismo” de Bergson en la Psiquiatría de un hombre sabio como Minkowski. O el existencialismo en autores tan cultos como Medard Boss. O el fracaso de la línea biologicista en sus múltiples versiones. Entre ellas la postura empirista del DSM, fundada en el positivismo lógico del círculo de Viena. Es bueno recordar que el positivismo lógico ha sido marginado prácticamente por todas las ciencias en los últimos decenios, y que fue cuestionado incluso por algunos de sus fundadores, como fue el caso del último Wittgenstein. Y que la pretensión de fundamentar el conocimiento científico sólo en datos evidentes, de constatación sensorial directa, ha sido descalificada por la generalidad de los filósofos de la ciencia, de los epistemólogos y de los propios científicos, incluso en las ciencias físicas. (Ver, por ejemplo, Mario Bunge en La nueva filosofía de la ciencia de Harold Brown, (Tecnos, Madrid, 1998, p 121) También hay que recordar que en el siglo XX han sido renovados los paradigmas prácticamente en todas las ciencias. (El libro “La estructura de las revoluciones científicas” de Kuhn Th., F.C.E. México, 1997)

El problema de los paradigmas en psiquiatría, psicopatología y psicología, es que no han superado el “horizonte substancialista” de la ontología tradicional occidental, que sustentan la reificación de las dimensiones humanas natural y cultural, como entidades “en sí”, no sólo diferentes, sino radicalmente opuestas. (materia – espíritu) Este dualismo cosificante se corresponde con la ontología ingenua de la percepción del mundo habitual y con el “sentido común” de la sociedad actual fuera del ámbito científico. Que sostiene que vemos las cosas como son allí, en el mundo real, sin ninguna relación discriminante con la perspectiva. Lo cual es totalmente erróneo.

El horizonte metafísico substancialista, creado por los Griegos, sostiene que el “ser” de cada ente, su esencia, es una substancia que constituye la identidad del ente. Y que esa substancia –ya sea como forma aristotélica o como idea platónica− es el principio invariable y definitivo que sub-yace en todos los caracteres de cada categoría de entes. Y que todo ente complejo es una mera suma de los caracteres sustanciales de sus elementos constitutivos. La obra de los Griegos presocráticos: fue el paso de la mentalidad mítico-mágica a la mentalidad Lógico-discursiva. Ontología previa: sostenía que lo que aparece son manifestaciones de entidades no mundanales actuales: dioses, hados, espíritu de los muertos, etc. Ontología griega: lo que aparece…. Son “cosas en sí”: Esencia substancial clausa y estática: aislada en el espacio e intemporal. (Fue el descubrimiento de “la Naturaleza”: la Physis.)

En el siglo XX, el substancialismo ha sido superado y reemplazado, desde todas las perspectivas, por la Teoría General de Sistemas. Desde la visión evolucionista de todas las estructuras del Universo, no sólo de los organismos vivos; desde las teorías de campo; desde el estructuralismo dinámico; desde la epigenética y desde el emergentismo, o causalidad emergente.

Hoy es posible, desde la TGS y su paradigma ontológico y metodológico, una visión “mereológica”, que diferencie las propiedades de la unidad integral de un sistema, de las propiedades particulares de cada dimensión o sub-sistema. Si el substancialismo veía las identidades como la manifestación de la unidad de una esencia ideal, la Teoría General de Sistemas, “parte siempre de que la identidad es constituida mediante una diferenciación con el entorno” (de su campo), como nos dice Niklas Luhmann, (en Complejidad y Modernidad. Trotta, Madrid, 1998). Y si las esencias y las estructuras en el viejo paradigma eran eternas, en el actual, las estructuras son todas frutos evolutivos de procesos dinámicos constructivos. Las nuevas estructuras se producen por procesos epigenéticos de causalidad emergente desde los niveles previos, los cuales son reestructurados dentro de la síntesis del nuevo nivel. (Este es el concepto de “reentrada” en la TGS, tremendamente diferente del de feed back.) [Ejemplos de esto: toda la epigenética actual. En psicopatología: “estupor por pánico”, provocado por un estímulo que anula la comunicación.]

En la realidad percibida por la ciencia contemporánea, no hay “cosas en sí”, sólo hay procesos. (Como postuló A. Whitehead a principios del siglo XX.  Proceso y realidad. Losada, Buenos Aires, 1956 [ed. orig. 1929]) En esta visión, los entes reales no son los orígenes de las dinámicas, como causas de efectos sobre el medio. Al revés, son los procesos dinámicos en un campo de fuerzas, los que crean fronteras topológicas, generando las formas locales actualizadas por diferenciación respecto del campo y sus otras formas. La creación evolutiva no se basa en la igualdad, sino en la diferencia. Entendiendo que “di-ferir” no es aislamiento, es una correlación entre dos estructuras que mantienen una respectividad de contraste entre sus formas mutuas. [figura y fondo] Podemos decir que toda entidad basa su identidad estructural en la diferencia. Cuando evolutivamente la diferencia de las formas se hace evidente, cuando aparece la distinción de las diferencias aparece la correlación informativa. Las diferencias creadoras de formas generan entidades, generan cosas. La distinción de las formas diferentes transmite información entre las diferentes formas. Este sería el momento evolutivo de surgimiento de la vida. (No es la Información de Bateson, como “diferencia que crea diferencia”. ES: ¡la distinción de la diferencia!)

En esta visión de la Teoría General de Sistemas, la vida es un proceso dinámico que genera una frontera informativa, creando tanto al organismo sensible a un lado de la frontera, cuanto al nicho ecológico con su información de estímulos del otro lado, como dos dimensiones del mismo sistema vivo comunicacional, el comportamiento.

Un organismo es un sistema anti-entrópico, que vive gracias a incorporar materia y energía, creando nueva información en su estructura. Para ello tiene que distinguir las formas  asimilables de las no asimilables, y las formas amigas de las enemigas, al tiempo que distingue las formas del medio externo respecto de las formas del propio organismo. Con ello surge la “sensibilidad informativa” que hace explícitas las diferencias de las formas materiales, ahora distinguidas como comunicación de información para organizar la relación comportamental en la frontera orgánica. (Inicialmente esa frontera formalizante de la información fue la membrana celular, dando origen a las primeras formas de vida unicelular, como vio claramente Lynn Margulis.) ¡La vida se sustenta en la información que permite la apropiación armónica, tanto del organismo al medio, cuanto del medio al organismo! ¡La vida no es sólo adaptativa, es también adoptativa o “apropiativa”! (pos- darwinismo: ¡El problema es cómo hay creación de formas, no sólo su conservación por adaptación!) Es la información la que estructura la conducta sana, adecuada a la propia realidad y a la realidad del medio, en un sistema vivo que es “auto-poiético”, empleando la denominación de Francisco Varela.

El biólogo Pier Luigi Luisi (en su libro de 2010, La vida emergente. De los orígenes químicos a la biología sintética. Tusquets, Barcelona), nos indica que: “los organismos vivos crean su propio entorno (nicho), y el entorno crea la vida de los organismos (…en una mutua) co-emergencia”…“cuyo fin es el mantenimiento del equilibrio de la auto identidad.” Así mismo Hans Jonas, en su libro El principio vida, nos habla de ella como “sistema de relación constituido conjuntamente por el organismo y el entorno”. Y agrega: “la apropiación constituye un principio universal de identidad”. Esta afirmación, que comparto, me parece de una importancia fundamental para nuestro tema. ¡Aquí sólo señalo que apropiación, es el antónimo de alienación o de alteración! [apropiar: acción transitiva incorporativa] La enfermedad: NO es mero Trastorno. SI es “Alteración”: modificación de la identidad, aunque sea parcial.

La información del mundo que percibe un organismo no es una pura recepción pasiva, sino el producto de una interacción entre el individuo orgánico y su entorno, que construye las formas que in-forman. Esto ya fue descrito por Von Weizsäcker en 1939 en su libro “Der Gestaltkreis” (El círculo de la forma. Morata, Madrid, 1962). Y confirmado plenamente por la neurofisiología reciente. (Por ejemplo con los Movimientos oculares microsacádicos: si el ojo no está realizando micro-movimientos respecto a las figuras que ve, estas desaparecen inmediatamente. Sucede con lentillas electrónicas, generadoras de formas, como describe el neuro-biólogo Edelman.)

En el campo de la percepción sensorial, esto fue mostrado claramente por las investigaciones de la Psicología de la Gestalt, de principios del siglo XX. Un hallazgo fundamental de la configuración de la percepción fue la diferencia entre “Figura y Fondo”, como la presencia de una diferenciación respectiva, NO de “objetos en sí”. De aquí que el fondo puede transformarse en figura y viceversa, según la atención del sujeto perceptivo, esto es, según el modo de dirigir la actividad perceptiva hacia el mundo. Esas mismas investigaciones determinaron que “el significado” –que es una estructura semántica y no material– opera constitutivamente sobre la configuración material de la forma sensorial.

El surgimiento de la conciencia en el ser humano fue un nuevo paso evolutivo, en la correlación informativa diferencial organismo//medio del comportamiento. La percepción sensorial humana no sólo distingue las diferentes formas de objetos o cosas, sino que distingue las formas diferentes dentro de la estructura de cada cosa. Y distingue cada cosa de sí mismo y de la circunstancia presente. Sin estas distinciones el ser humano no podría fabricar instrumentos. Sólo podría, como el resto de los animales, utilizar algo instrumentalmente como extensión de su propio cuerpo instrumental. La Industria lítica la realizó el homo primitivo sólo con rocas cristalinas (sílice, obsidiana, cuarcita). Pues era su forma interna la que producía lascas con filos cortantes, al ser golpeada la forma externa del guijarro.

Dentro del nivel humano de la configuración informacional, la Epistemología Genética, a partir de Piaget, mostró la construcción progresiva de la diferenciación del objeto y del sujeto por la praxis operativa pre-verbal y preconsciente. Esto es lo que develó Husserl como “intencionalidad pasiva” del acto consciente, constituyendo los dos polos del fenómeno: el nous y el noúmeno, superando la visión substancialista de la conciencia, que reificaba la conciencia como siendo un ente “en sí”, que se relacionaba ulteriormente con sus objetos. Es la misma dialéctica que hoy sostienen neurobiólogos como G. Edelman y G. Tononi produciendo el proceso concienciador, quienes (en su libro A Universe of Consciouness. How matter becomes imagination. Basic Books, New York, 2000) nos indican: “Siendo un proceso, no una cosa, la concienciación es continua y continuamente cambiante a la vez.” Una “rápida disminución de la incertidumbre informativa” (por un proceso) de “espontánea interacción reentrante a lo largo de conexiones … de integración y diferenciación” (…) “Dependientes de la vigilancia atencional”. [De la postura y de la “actitud”, la intención pretentiva del sujeto respecto del entorno.]

Desde una aproximación comunicacional a la psicopatología, los síntomas NO SON, como pretende la visión semiológica del empirismo, la presencia de signos o indicios que señalan o manifiestan las causas previas de la enfermedad psíquica, ocultas en un nivel ontológico subyacente a las estructuras psicopatológicas que aparecen en el comportamiento. (semiología física: soplo cardíaco → insuficiencia valvular) ¡NO! Los síntomas psicopatológicos son comportamientos organizados por estructuras de información inapropiada, que dificultan o destruyen la realización de la propia vida. ¡Generan desrealización y despersonalización, las dos estructuras psicopatológicas fundamentales! Las cuales, “son dos aspectos de un mismo trastorno de la comunicación”, como señaló Víktor von Gebsattel en su Antropología Médica (p 60).

Ya López Ibor (Sr.), en su libro sobre Las Neurosis como enfermedades del ánimo (de 1966), sostuvo que “los síntomas de las neurosis (…) por una parte expresan la enfermedad, y por otra parte son la enfermedad misma.” Suscribo esa afirmación.

Pongo un par de ejemplos: lo más destructivo de una fobia no es la emoción de pánico o de miedo angustioso, no justificada por la realidad operativa del objeto o situación fóbica. Lo más destructivo para el paciente fóbico es estar convertido en “objeto pasivo” de la amenaza fóbica, enajenando su condición de ser sujeto apropiativo de los recursos del mundo. El fóbico no se apropia del tipo de objetos o situaciones implicados en su fobia, sino que es compelido a una conducta evitativa. La agorafobia suele ser tremendamente destructiva de la vida, pues su objeto fóbico, el espacio público externo a su intimidad, abarca gran parte del ámbito de realización de la vida. [Si el fóbico se apropia activamente del objeto o situación fóbica, no aparece el temor fóbico, ni la conducta evitativa: Caso de mi paciente y su viaje a Roma]

En las adicciones, lo más destructivo no es la ansiedad desasosegada y urgente por conseguir aquello sentido como necesario para la propia existencia. Lo verdaderamente destructivo es la “pérdida de independencia del sujeto electivo”, esclavizado por su adicción a un poder enajenante. El adicto no se apodera del poder realizador del mundo con sus propios recursos conductuales; los reemplaza por el poder mágico de aquello a lo que es dependiente, cuyo consumo le transforma instantáneamente la percepción del mundo entero y su modo de encontrarse en él. Esto es clarísimo en el alcoholismo y otras drogas. El efecto transformador de la conciencia del mundo y de sí mismo de la intoxicación etílica, le proporciona al paciente un bienestar global ficticio, al tiempo que le elimina su responsabilidad de construir su propia vida personal, que lógicamente termina perdiendo.

De lo apropiado del comportamiento depende la estructura vital y su salud.  Gadamer, en su libro El estado oculto de la salud (Gedisa, Barcelona, 1996)  nos señala con acierto: “experimentamos (...) la salud (...) como lo mesuradamente apropiado”. Desde esto se puede postular que: «toda enfermedad es una “expropiación”. La enfermedad somática por pérdida de la inherencia funcional de los sistemas orgánicos a la construcción y mantenimiento de la propia mismidad del organismo. (como señaló Diego Gracia)

¡En cambio, la enfermedad psíquica es una “des-apropiación” comportamental: es una alienación del propio sujeto conductual o de su mundo de vida habitual. O es la alienación de la estructura de ejecución conductual! «La psicopatología es una enajenación comportamental, por una información que desrealiza al mundo, al sujeto y a la mutua apropiación.» Entendiendo que el ser humano percibe todo como siendo “algo en propio” o “propiamente algo”, y a sí mismo como “propiamente alguien” o como “sujeto propietario” de su vida, de sus acciones y de sus vivencias. Las pérdidas de esas propiedades de la realidad del mundo o de sí mismo generan desrealización y despersonalización del comportamiento, al tiempo que generan “reificaciones” y “personificaciones” de aspectos o dimensiones de lo real o de lo personal. En la sintomatología, unas veces predomina la pérdida de las propiedades reales, y en otras la asignación de las propiedades del todo real o personal a una parte o a una dimensión de ese todo.

Ejemplifico: En una fobia, las posibilidades de riesgo destructivo del objeto en la circunstancia presente, son asignadas al aspecto o fisonomía del objeto, y no a su capacidad operativa en relación con la situación real y con las capacidades ejecutivas del sujeto fóbico. Así, la foto de un perro grande, negro y con la boca abierta puede desencadenar la reacción de pánico; mientras el sujeto fóbico, paralizado de terror, es mero objeto pasivo de la amenaza imaginaria. Reificación total de la fisonomía, con desrealización del conjunto de la situación real. En una adicción fetichista de tipo sexual, está anulado el encuentro erótico personal, reemplazado por una relación sexual impersonal con una prenda de vestir, a la cual el paciente le confiere todo el poder de la persona. El fetiche está personificado, mientras la persona real está despersonalizada. Tanto la de la posible pareja, cuanto la persona del fetichista. «Como vemos, al menos en estos casos, la estructura psicopatológica implica errores mereológicos de la información, con confusión de “el todo y las partes”.» Este error comunicativo es prácticamente una regla en la psicopatología, y no sólo en la de origen afectivo. En una “percepción delirante” no está alterada la configuración sensorial, sino el significado (semántico) del objeto. El significado delirante primario del objeto puede ser el significado de un elemento del objeto generalizado al objeto entero, o el significado de la circunstancia general concretado en el objeto particular.

¿Cómo son posibles estas confusiones y alteraciones informativas, que encontramos en toda la psicopatología? ¿Dónde residen las raíces de esa vulnerabilidad humana para la psicopatología? Veamos algunas de ellas.

La organización informacional entre el individuo y su entorno, en el ser humano deviene simbólica, lo que le permite transformar su “nicho ecológico” en “mundo de vida”, y transformar su “organismo” en “alguien”. Como dice Arnold Gehlen, “la capacidad de transformar naturaleza en cultura, le permite al hombre realizar sus dos grandes tareas en la vida: La primera “descubrir el mundo,  apropiárselo y elaborarlo. La segunda hacerse a sí mismo apto-para apropiarse de sí mismo.” En esto consiste la construcción de la 2ª naturaleza humana: la cultura naturalizada o Nurtura, como se le ha llamado, al tiempo que la naturaleza se culturiza.

Actualizar las cosas en sus dimensiones simbólicas es lo que le permite al  hombre mentarlas (pensar en ellas) y además co-mentarlas (hablar de ellas). [No re-presentarlas dentro de la Conciencia, como si esta fuese una entidad fuera del mundo.] La construcción de estas dimensiones culturales de sí mismo y de la realidad del mundo, tiene carácter evolutivo histórico, tanto en la especie como en la maduración de un individuo actual. Pero su presencia como estructura de mundo siempre tiene carácter de natural, es “cultura naturalizada” como ontología real. El carácter simbólico de la presencia evocada de las cosas, inicialmente no es distinguido de su presencia fáctica. Esto es de fácil constatación en la primera infancia de cualquier niño. Las identidades reconocidas se presentan como siendo de suyo realmente lo que son, más allá de su presencia, sea esta sensorial, imaginada o pensada. Este es el carácter de “reificación” de la forma comunicativa humana, que da origen a lo simbólico conjuntamente con lo real, sin que el proceso simbólico o simbolizante se haga evidente él mismo. Es importante destacar que los procesos estructurantes que actualizan las estructuras como entes concretos, no se hacen presentes ellos mismos. El proceso de actualización no se actualiza.

La psicopatología surge de estructuras informacionales que alteran la identidad de las cosas del mundo y la del propio sujeto del comportamiento. “Alterar” quiere decir “destruir o reemplazar la identidad”. Es lo que constituye la enfermedad, y NO los meros trastornos parciales, que afectan al individuo sin alterar su mismidad. Todo organismo y sistema de comportamiento implica algunas dimensiones locales disarmónicas, que no constituyen enfermedades del individuo. Salvo cuando éste las vivencia de modo absolutizado con su capacidad simbólica. Entonces cobran el sentido de alteración de su vida personal, como sucede en la psicopatología distímica. “Tristeza” es el sentimiento normal de pérdida de un bien personal. “Melancolía” es el humor desolado de haber perdido el mundo de vida entero, o la pérdida de “todas sus posibilidades” personales, como señaló Glatzel.

«Tesis central de mi visión psicopatológica: “el comportamiento de un paciente con trastornos psíquicos no es coherente con sus “referentes reales”, pero siempre es coherente con la información registrada por el propio paciente –con la información que él percibe y siente en su propia comunicación con su situación de vida.”» Es una verdad discursiva, NO “operativa” o realizativa, que sea constatada por su experiencia.

La vulnerabilidad psíquica del individuo depende en gran parte de una defectuosa organización de sus estructuras de comunicación informativa con el mundo. Sea por trastornos de las funciones cerebrales en su organización, o sea por insuficiencia de la maduración biográfica del sujeto. La evolución biológico-cerebral, en los homínidos y en la infancia del sapiens, va creando sistemas informativos que potencian “el progreso de la independencia y del dominio del individuo sobre el medio”. [Los criterios actuales que miden el grado evolutivo de las especies.] A su vez, la maduración biográfica crea “tipos de mentalidad” y “tipos de mundos”, que hacen al individuo más autónomo, más libre y más auto-realizador. Por lo tanto más resiliente.

Pero también el tipo habitual de mentalidad y de mundo, correspondientes a un tipo de personalidad, pueden condicionar negativamente la realización de la vida, condicionando o determinando la aparición de estructuras comportamentales psicopatológicas. Y esto puede suceder por el predominio de una “forma genérica” de significado y/o de sentido muy negativos, o –más frecuente– por la combinación conflictiva de varias formas genéricas, que imposibilitan su síntesis operativa en la vida cotidiana. Ejemplo del primer caso sería una personalidad básica muy temerosa, para la cual el mundo de vida es una estructura construida básicamente por elementos temibles por su enorme riesgo. [El mundo como amenaza.] Esto determina una vida necesariamente retraída, insegura y pasiva, no apropiativa. Ejemplo del segundo caso, sería una personalidad anancástica, muy autoexigente moralmente, con una carencia severa de mundo de vida natural, donde el sujeto se siente exigido a fabricar racionalmente el orden formal del mundo de vida. El mundo natural dado al obsesivo es “in-mundo”. De ahí su fobia al contacto con el mundo, vivido como “deshecho”, como no hecho, que les genera las obsesiones formales de ordenamiento constructivo del mundo de acción. Esto configura un conflicto tremendamente destructivo en la vida de los obsesivos.

Ahora bien, la estructura informacional simbólica del ser humano se organiza en dos sistemas semánticos distintos de información: la del significado de las cosas y los hechos, y la del sentido de los recursos y de los sucesos. Estas dos estructuras, aunque relacionadas entre sí, organizan dos niveles muy distintos de la vida humana.

Los “significados formales”, hacen presentes mentalmente las “formas” de “ser” de las cosas en el mundo. El significado permite entender “qué es” algo, la identidad de su “forma”, y entender “como funciona” en el mundo, su forma de relación con los otros entes. Esta es la función designativa de los nombres. Una tijera es una forma concreta (instrumento con dos hojas afiladas, que se entrecruzan), cuya función es cortar objetos filamentosos o laminares. La “agnosia”,la “apraxia”, y la “afasia” son pérdidas del reconocimiento formal del significado de algo, de su identidad y de su funcionamiento, que impiden la conducta realizadora, por la perturbación informativa sobre la ontología del mundo. La cual hace presente el trastorno informativo en el comportamiento ejecutivo. ¡Las alteraciones comportamentales fundadas en alteraciones de los significados ontológicos, constituyen “Logopatías”! Esto es, las Psicosis. Deterioros cognitivos y Demencias; Psicosis exógenas con alteración del estado de conciencia; Estados estuporosos; Estados delirantes y deliriosos; la pérdida de la Evidencia Natural de las identidades de la realidad del mundo y de la propia realidad en la Esquizofrenia, o la Alteración del Campo de Realidad en las Timopatías psicotizadas. (alteración de formas sensoriales y/o estructuras del campo significante)

En cambio. los “sentidos modales” hacen presentes las cosas como recursos o posibilidades, o como sucesos que afectan nuestra vida, al entrar en ella de un modo constructivo o destructivo para las “expectativas y propósitos” del sujeto. Son las cualidades de los objetos y eventos, que los adjetivos y adverbios hacen presentes, como posibilidades de afectar la vida del humano. El sentido organiza la “intencionalidad egológica”, como información que “me” afecta. Una tijera presente en el entorno y reconocida, puede no cobrar ningún sentido en una situación habitual de nuestra vida. O hacerse presente con un sentido positivo, como instrumento útil, realizador de nuestra tarea o proyecto. O puede hacerse presente con un sentido destructivo, como amenaza física para nuestra integridad (como sucede en una fobia asténica a los objetos punzantes) O puede hacerse presente como amenaza moral, con el sentido de poder obligarnos a agredir con ella a los otros (como sucede en las fobias de tipo anancástico). En estos casos, la alteración modal que afecta al sujeto, no implica ninguna perturbación del entendimiento del significado formal del objeto.

La alteración es motivada (a fronte, no a tergo) por el sentido de amenaza para la realización de la vida de ese sujeto. Esta amenaza sentida es, ni más ni menos, la angustia. Importa destacar aquí que esta psicopatología no está causada determinísticamente, pero SÍ condicionada por características del “modo de ser” de la realidad, según el “tipo de mentalidad”. Un objeto inerte (cuchillo o tijeras) no tiene en la realidad poder propio de acción agresiva, ni puede tener intención y poder para obligar a alguien a agredir a otro. ¡Salvo en un “mundo animista”, correlativo a una “mentalidad mágica”, como sucede en las culturas primarias, en la primera infancia de los humanos actuales, o en algunas estructuras psicopatológicas! Mentalidad mágica donde el espacio del mundo de vida es topológico, cualitativo y no métrico-cuantitativo. Y en el cual la causalidad (macroscópica) puede operar a distancia.

Esos dos niveles de estructuración comportamental –el del significado intelectual del “Logos” y el del sentido afectivo de la “Timia”– están implicados como formas y modos muy distintos en la psicopatología. Son estructuras diferentes, que sustentan la posible distinción de una psicopatología regional o dimensional entre Logopatías y Timopatías, correspondientes en gran parte a las “psicosis” y “neurosis” de la praxis clínica tradicional, aunque hoy esa distinción pretenda ser ignorada a nivel teórico.

En los cuadros depresivos “dis-tímicos”, la pérdida del sentido de las cosas del mundo de vida, que lleva a la “anhedonia”, no implica la alteración de los significados de los entes de la realidad. En cambio un brote delirante incipiente de tipo esquizofrénico, implica la pérdida de la “evidencia natural” de los significados del mundo, pero no la pérdida de la afectividad, comprometida en la vivencia de perplejidad. Pero el sentido afectivo de las cosas, en estos cuadros, pierde su referente real del mundo de vida natural, intersubjetivo, que ha desaparecido. El sentido se vuelve incomprensible y no empatizable, por el carácter idiosincrásico de los significados ontológicos del mundo delirante. (Los delirios esquizofrénicos tienden a ser extra-mundanos: poéticos, teológicos, metafísicos o extravagantes.)

La involución de la discriminación de formas, del entendimiento significativo del mundo en los estados de deterioro funcional cerebral, determina la involución informacional desde lo epicrítico a lo protopático, en las “psicosis exógenas” y en las “demencias”, típicas Logopatías. En cambio, la “desaparición de las identidades formales” del logos práxico pre-verbal, provoca la “des-ontologización” del mundo natural en las psicosis esquizofrénicas: pérdida de la evidencia natural de los significados, del criterio de realidad, y de la diferencia yo-no yo. Desaparece el sujeto formal de las propiedades de las cosas, y el sujeto formal de los actos de vida. ¡Pero sin pérdida inicial de la racionalidad pura del pensamiento y del lenguaje! Es la “Pérdida de la evidencia natural” de  la percepción del mundo, tan magníficamente presentada por Blankenburg. Y que corresponde a la otra cara del “racionalismo  mórbido” de Minkowski. [La expresión de Baudelaire “el loco ha perdido todo menos la razón”, constituye una excelente metonimia.]

«Las alteraciones formales de las estructuras de significado de la ontología, constituyen Logopatías, incluso en la “psicotización” de una Timopatía.» El sentido afectivo de inaccesibilidad de los recursos del mundo en una depresión, suele transformarse en una percepción plana del mundo, como si este fuese un decorado de teatro, con la pérdida de la tercera dimensión sensorial óptica, como actualización formal real de lo inalcanzable. Y el sentido afectivo de imposibilidad de realizar la vida personal de la depresión, en el Síndrome de Cotard se transforma en creencia delirante cognitiva: en percibirse como siendo ya realmente un organismo muerto.

 En cambio sentimos las posibilidades o imposibilidades para realizar nuestra vida, desde el sentido de las situaciones en que “nos encontramos viviendo”. (la Sichbefindlichkeit) Esta información modal, depende del grado de “madurez de la personalidad”, y del tipo de “mentalidad y mundo de vida” del individuo. El sentido de amenaza fóbica, como ya dije, se fundamenta en el aspecto fisiognómico de la situación. Que es el modo de hacerse presente lo imaginario. (Como sabemos desde Sartre) O la fobia se funda en la idea destructiva universal del objeto concreto, percibido como mero ejemplar individual de su esencia conceptual, y no desde su concreción fáctica particular. (Es la fobia a los perros, a la especie perro, no a este perro. O la fobia a los ascensores, al género ascensor, nunca a este concreto ascensor.)

Y las adicciones no lo son “a una necesidad biológicamente imprescindible”, sino al sentimiento de “poder ser” alguien gracias al mágico poder constitutivo de lo adictivo. Ambas psicopatologías timopáticas implican estructuras del “mundo mágico”, mezcladas conflictivamente con el mundo real-personal. Algo que ya fue señalado por Viktor von Gebsattel para las “neurosis obsesivas”.

«Las alteraciones globales del sentido modal, afectando a la globalidad de la situación vital, constituyen Timopatías (neurosis).» En ellas lo determinante es el carácter ideológico o imaginario del modo de relación individuo-situación que configura su psico-patología. Sólo en el nivel simbólico existen estructuras absolutas, respecto de las cuales el individuo es un sujeto necesariamente pasivo-dependiente. Y sólo  estructuras absolutas pueden sustentar sentidos absolutos, transformados en significados inherentes a la propia realidad, como sucede en los deseos convertidos en necesidades biológicas, o en los riesgos concretos parciales convertidos en amenazas totales de la estructura del mundo. La hiperreflexividad de la “personalidad ideológica” del occidental moderno, facilita estas absolutizaciones y la respectiva pasividad del sujeto, impidiéndole hacer su experiencia real del mundo, como describió Paul Mattuseck, en los 60 del siglo pasado.  (En castellano La personalidad ideológica. Espinosa N., Idearium, Mendoza, Argentina, 1989.)

A ello contribuye usualmente la inmadurez afectiva de la persona, que retiene al sujeto parcialmente en estructuras de mundo primarias, como esclavo de sus deseos, y víctima pasiva de las emociones que lo inundan, quitándole su iniciativa, su libertad y su capacidad de explorar y construir apropiadamente su mundo y vida personales, y de desarrollar su Sí mismo personal autónomo y autogestionante.

Lo dicho esboza esquemáticamente la tesis informacional de la perturbación comunicativa individuo/circunstancia, o persona/situación como fundamento de la psicopatología. Esta implica un comportamiento destructivo de las propiedades mismas de la realidad del mundo y del sujeto, impidiendo la apropiación constructiva de la vida por el sujeto. En el caso de las psicosis o Logopatías esta perturbación es formal, por desestructuración de la información significante de la realidad ontológica del mundo, fuera de los referentes pragmáticos de la circunstancia. En el caso de las Timopatías (o neurosis) la perturbación de la información es del sentido modal de la situación, que afecta a la persona como posibilidad destructiva absolutizada en el nivel abstracto del pensamiento y la imaginación, o sentida como imposibilidad de realizar la vida personal, en un sujeto no operativo, totalmente pasivo en una circunstancia determinada. El sentido alterante de la situación está sustentado en el modo inmaduro de pretender ser o de pretender realizar la vida personal, de alguien que no se auto-constituye suficientemente en sujeto autónomo, libre y autogestionante de la apropiación de las dimensiones del propio ser, y de los recursos del mundo necesarios para seguir siendo el mismo.

 

Dr. Héctor Pelegrina Cetran

Índice general

PRÓLOGO. Profesor Otto Dörr Zegers

AGRADECIMIENTOS

INTRODUCCION

Situación actual de la Psiquiatría y de la Psicopatología
HACIA una Psicopatología regional
Psicopatología y Psiquiatría

1º- ¿Qué es Psicopatología? (señal – indicio – signo – síntoma)
Diagnóstico psicopatológico
2º- Exigencia actual de psicopatología
3º- Posibilidad de una psicopatología actual

VIDA HUMANA: comportamiento simbólico

A- Vida: proceso “autopoiético”
La frontera informativa
Independencia conductual (posibilidad – motivo – elección – apropiación)
Significados y Sentidos
4º- Ámbito de la psicopatología
5º- Pertinencia de la psicopatología regional (dimensional)

DELIMITACIÓN de los campos del Logos y de laTimia

A- Las estructuras del Logos
B- Las estructuras de Sentido (Tímicas)

Síntesis del contenido de los capítulos

CAPÍTULO I

EL PROBLEMA DE LA UNIDAD DEL SER Y DEL CONOCER

La problemática “mereológica” en el conocimiento

1.1.- La unidad del ser ontológico y su captación

1.1.1.- Evolución de la ontología

1.2.- Ontología y metodología médicas del Siglo XIX

1.2.1.- Raíz histórica de la ontología psiquiátrica
1.2.2.- Concepción inicial del padecimiento mental
Crítica del concepto actual de enfermedad mental
1.2.3.- El problema mereológico en psicopatología

1.3.- Ontología actual. Nuevo paradigma general: genético-estructural     

1.3.1.- De la igualdad a la diferencia 

Las estructuras materiales
Las estructuras vivientes
La vida biológica (zoon)
La vida humana (bios)   

1.3.2.- Patentización y ocultamiento epistémicos

1.3.3.- Nuevo horizonte antropológico en la frontera S. XIX – XX

1.4.- De las unidades sindromáticas a las unidades nosológicas

Freud
Jaspers

1.5.- Pervivencia de los conceptos de psicosis y neurosis en la praxis clínica

1.6.- Estructura nuclear de la psicopatología

1.7.- Vulnerabilidad psicopatológica

Condiciones de la vulnerabilidad psíquica

CAPÍTULO II

EL LOGOS: ORGANIZACIÓN FORMAL DEL COMPORTAMIENTO

2.1.- El campo natural del comportamiento humano

2.1.1.- El campo de la patología: la vida         

SALUD Y ENFERMEDAD

2.2.- El campo de la psicopatología. Emergencia real y mental

APROXIMACIÓN EPIGENÉTICA
FORMALIZAR  E  INFORMAR

2.2.1.- La frontera humana: entre lo real y lo mental

Esquema evolutivo de formalización constructiva del mundo

ETAPAS DE FORMALIZACIÓN DE LA CORRELACIÓN NIÑO-MEDIO

1º- La construcción de la permanencia del objeto y del sujeto
2º- La construcción de las formas reales explícitas
3º- Presencia de lo real “en” formas abstractas – lo mental

Construcción del espacio

Constitución de la causalidad y la temporalidad

2.2.2.- Estructura del campo del logos y del campo de conciencia

Surgimiento del concienciar

2.2.3.- La experiencia primaria: lo inmediatamente vivido

2.3.- El ámbito simbólico expreso: pensamiento y palabra

La preeminencia de la referencia ontológica sobre el significado

2.3.1.- Esquema evolutivo de formalización del pensamiento

ESTADIO I: PENSAMIENTO PREOPERATORIO [INTUITIVO]ESTADIO II: PENSAMIENTO CONCRETO
ESTADIO III: PENSAMIENTO FORMAL  [HIPÓTESIS Y VERIFICACIONES] 

2.3.2.- Emergencia ontológica del nivel personal

CAPÍTULO III

EL TIMOS: ORGANIZACIÓN MODAL DEL COMPORTAMIENTO

3.1.- Carácter afectante de la sensibilidad

3.2.- Surgimiento de los afectos humanos

3.2.1.- Significado y Sentido: realidad y posibilidad

A- El Significado
B- El Sentido

EL SENTIDO COMÚN

3.3.- Modos de intencionalidad: afectos y propósitos

3.3.1.- AFECTOS: TIPOS POSICIONALES

1º- Afectos particulares: emoción y sentimiento

EMOCIÓN
SENTIMIENTO

2º- Estados afectivos globales: humor; ánimo; temple

HUMOR

H. irritable; disfórico; angustioso
H. desconfiado; paranoide; delirante; melancólico
H. expansivo

ÁNIMO

A. ansioso
A. agitado; decaído (desánimo); exultante
A. aterrado (pánico)

TEMPLE

T. inseguro (lábil); angustioso
T. resentido
T. delirante
T. depresivo

DOLOR y SUFRIMIENTO

3.3.2.- ACTITUDES: TIPOS PRO-POSICIONALES AFECTANTES

PODER
DESEAR-QUERER
NECESITAR-APETECER
DEBER-TENER QUE

Excursus sobre ORGANIZACIÓN  Y  ORDENAMIENTO

3.4.- Maduración psíquica

3.4.1.- Evolución madurativa de la afectividad

PRIMERA INFANCIA
SEGUNDA INFANCIA
ADOLESCENCIA

3.5.- Mentalidades: tipos de ontologías mentales

3.5.1.- Mentalidad mágica: mundo fisonómico-animista
3.5.2.- Mentalidad mítica: mundo dogmático tradicional
3.5.3.- Mentalidad crítico-reflexiva: mundo lógico
3.5.4.- Mentalidad racionalista: mundo ideológico
3.5.5.- Mentalidad experiencial: mundo realizativo

CAPÍTULO IV

CAMPO LOGOPÁTICO: VULNERABILIDAD Y PSICOPATOLOGÍA DEL LOGOS (PSICÓTICA)

4.- Vulnerabilidad Logopática genérica

4.1.- Esencia de las logopatías (psicosis): alteración ontológica

4.1.1.- Superación de los criterios clínico-somáticos
4.1.2.- Psicotización de un estado psicopatológico timopático

4.2.- Criterio psicopatológico de psicosis

4.3.- Desestructuración ontológica en psicosis exógenas y demencias

4.3.1.- Desestructuración ontológica en psicosis exógenas
4.3.2.- Desestructuración ontológica

4.4.- Desestructuración ontológica de la esquizofrenia

4.4.1.- Revelación histórica del trastorno fundamental

Las tres vias bleulerianas
Jaspers
SUPERACIÓN METODOLÓGICA de la VISIÓN JASPERSIANA
Eugene Minkowsky
Karl Conrad
Jakob Wyrsch

4.4.2.- Perspectiva actual de la psicopatología esquizofrénica

Wolfgang Blankenburg
HALLAZGOS FENOMENOLÓGICOS DE BLANKENBURG

4.4.3.- Actualización de la estructura psicopatológica esquizofrénica

4.4.3.1.- Resúmenes: Minkowsky, Conrad, Wyrsch, Blankenburg
4.4.3.2.- Pensamiento y lenguaje esquizofrénicos
4.4.3.3.- Humor delirante y delirio esquizofrénico
4.4.3.4.- Autismo esquizofrénico
4.4.3.5.- Alucinaciones esquizofrénicas
4.4.3.6.- Disturbio de los confines del yo – Adualismo
4.4.3.7.- Hiper-reflexividad y sentido común
4.4.3.8.- Alienación PRAGMÁTICA, NO racional  SIMBÓLICA

CAPÍTULO V

CAMPO TIMOPÁTICO:  VULNERABILIDAD y PSICOPATOLOGÍA TÍMICA (NEURÓTICA)

1º) Fallo mereológico: desde la perspectiva ontológica

Absolutización de parte – Parcialización de totalidad

2º) Fundamento imaginario del sentido: perspectiva epistemológica

Diferencia no distinguida: circunstancia fáctica y situación vivencial

5.1.- Campo de la vulnerabilidad timopática

Trama de sentido: valoración de posibilidades para la vida
Factores: Situación – Personalidad – Actualización comportamental

5.1.1.- La Situación y la Circunstancia

La circunstancia: fundamento real de la situación
La situación: determinante del comportamiento

5.1.2.- Personalidad: como modo de animación de la corporalidad

5.1.2.1.- Personalidad: modo corporal de ser-en-el-mundo
5.1.2.2.- Personalidad: modo de ánimo básico

Á. psicasténico
Á. medroso
Á. obsesivo 

5.1.3.- Estructura de actualización comportamental (mentalidad – temple)

5.1.3.1.- El Carácter como mentalidad y ontología mental

1ª.- MENTALIDAD  MÁGICA = MUNDO  FISIOGNÓMICO-ANIMISTA
2ª.- MENTALIDAD  MÍTICA = MUNDO  DOGMÁTICO TRADICIONAL (CREENCIAL) 

5.1.4.- Impedimento de la constitución personal: Pers. Anancástica

5.1.5.- Impedimento del despliegue anímico de la persona

EL CONFLICTO DE IDENTIDADES

5.1.5.1.- Enajenación expresiva = Personalidad evitativa

5.1.5.2.- Alienación del espacio de acción = Agorafobia

5.1.5.3.- Desarraigo vital = Anorexia

Esquemas de la psicopatología del ánimo: constitución y despliegue

5.1.6.- Timopatías con “ánimo enajenante”

5.1.6.1.- Hétero-exigencia vital = Personalidad resentida
5.1.6.2.- Mundo humano expropiativo = Personalidad paranoide
5.1.6.3.- Auto-exigencia de llegar-a-ser = Personalidad ansiosa

5.2.- Esencia de las Timopatías: Alteración de la “posibilidad” vital:

(de la propia identidad /de la conducta apropiativa / del mundo propio)

5.2.1.- Absolutización del sentido afectante
5.2.2.- Pasividad personal de la relación neurótica
5.2.3.- Irrealidad de la motivación
5.2.4.- Modo de presencia de la amenaza
5.2.5.- Carácter incluyente (atrapante) del espacio timopático
5.2.6.- Mentalidad y estructura de mundo en las timopatías

5.3.- Vulnerabilidad para el trastorno timopático

BIBLIOGRAFÍA

ÍNDICE ONOMÁSTICO

ÍNDICE GENERAL